¡Se hunde el Titanic golpista¡

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PRIMERA LÍNEA►

Murillo confiesa que el régimen agoniza y vive sus últimas horas.

Las señales de la catástrofe política del régimen y la tragedia que vive el pueblo boliviano son inconfundibles como incontrolable el miedo que  merodea las entrañas de los epígonos clasemedieros que tendrán que aguardar el desenlace del duelo electoral antes de firmar su capitulación.

Murillo, el pelele de la embajada de los EEUU, acaba de señalar que buscarán aliarse con Carlos Mesa para hacerle frente al MAS. En su ridícula interpretación de la vida política boliviana confunden MAS con pueblo boliviano. El MAS es una parte del pueblo y quiénes llevarán la contienda sobre sus espaldas será el pueblo entero frente a la derecha golpista y carnicera que ha conducido al país estos, 7 meses de pesadilla  a su mayor tragedia nacional.

Pueblo vs derecha golpista, inepta y corrupta estarán lidiando en el campo de batalla el 6 de septiembre. Y podrá ser Mesa-Añez-Camacho-Tuto o cualquiera del ala conservadora y antinacional da lo mismo porque todos ellos son el mismo engendro extranjero, maquillados de partidos criollos. Podrán adquirir antifaces o comprar miles de barbijos para cubrir su verdadero rostro racista pero nunca dejarán de ser el elenco encomendero especializado en destruir nuestra Patria como lo han hecho a lo largo y ancho de los últimos casi 200 años de vida republicana.

En cambio, en la otra vereda estará el pueblo, arrastrando el féretro de sus muertos, agobiados con la congoja del luto y desnudos en medio de su miseria, desamparo y extrema pobreza.

Son los mismos de siempre, los derrotados históricos pero que aprendieron por dos puntas que el poder no se cede, y que el poder se conquista en las calles. Éstos, los de siempre, librarán la batalla más feroz de los últimos 40 años frente a todo el arsenal que dispone la satrapía ladrona que ya empieza a desertar y que contarán con la ayuda de los EEUU para socavar la victoria popular, amén de la ayudita del ejército entero de pseudo intelectuales marrulleros y medios de comunicación corruptos aterrados por su segunda derrota en el siglo XXI.

Los fariseos de la democracia están aterrados porque todas las señales son inequívocas. En cualquier duelo electoral y a cualquier hora, el pueblo se alzará con la victoria sobre sus propios hombros y nada podrá frenar está marcha de gigantes como dijera alguna vez el Ché.

La derecha, desde aquella que se muestra democrática con Mesa, hasta la más encarnizada y radical encarnada en la tríada Áñez, Murillo y López, le han mostrado una vez más al país de lo que son capaces de hacer: aplastar sangrientamente a los humildes, saquear al país en las horas más dramáticas y entregar nuestra riqueza y el futuro a manos extranjeras bajo la batuta de la embajada yanqui. Ni más ni menos. La misma receta de siempre masacres de por medio y está vez pandemia de por medio. Son la expresión de la mayor crueldad posible que en la hora de más necesidad y angustia de la gente prefirieron usar la daga asesina y la mentira más ruin para saciar sus apetitos de venganza y apropiarse de lo ajeno.

El sobreprecio en los respiradores que debían salvar la vida de la gente, sobreprecio en la compra de medicamentos, saqueo de las empresas públicas e incluso sobreprecio en la compra de armas, gases y balas para matar a la gente, es la mayor evidencia de lo que son capaces de hacer contra un pueblo que gime de dolor por sus seres queridos y que agoniza en medio de la miseria humana por falta de pan.

Su aparente preocupación por la pandemia ha sido y es desmentida cada segundo que pasa por la falta de insumos médicos, ítems de salud, equipos de bioseguridad, pruebas rápidas, reactivos o laboratorios. Cada segundo que pasa suman los muertos y se multiplica el miedo y la incertidumbre.  Nada lo han hecho bien que no sea robarse todo, incluso la esperanza de gestionar una transición política ordenada. Han hecho todo para demostrar el profundo desprecio contra la vida del ser humano y contra la vida del pueblo boliviano como siempre.

Hicieron lo inimaginable en 7 meses y nada hace prever que dinamiten el país para encubrir sus fechorías más salvajes de nuestra pobre historia herida de tanto latrocinio.

Las horas están contadas, no hay escapatoria posible al escrutinio popular aunque algunos ya huyeron como ratas del barco que se hunde. Huyó el ladronzuelo de ENTEL, el científico e impostor de MOHAMED, el funcionario narcotraficante del INRA y acaba de huir el expresidente de YPFB señalando a Jeanine Áñez como la jefa de la pandilla mafiosa que nos gobierna. Está en la antesala de la fuga el agente CIA, Erick Foronda Prieto, el delegado de los EEUU en Palacio de Gobierno que se ocupó de prostituir todo un país como saben hacer los agentes encubiertos de los EEUU.

Este es un régimen que alcanzó su propia estatura para la que fue contratada. Desde el primer minuto del golpe de Estado nos vendieron la imagen de Dios dispuesto a poner las cosas en orden. Extrañamente, su Dios, éste que aún los encubre en su enloquecida carrera por destruir todo a su paso, es el Dios que encarna la muerte, el robo, la felonía y la sed de venganza. Este Dios tutelar de la tragedia boliviana es el que requiere urgentemente ser redimido por la conciencia popular que solo exige un poco del don de la vida.

Se necesita un Dios dadivoso, militante de la esperanza y del amor, un Dios que una y que termine de una buena vez con la insoportable maldición del racismo, la exclusión, la pobreza y la muerte.

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