Resistencia juvenil Cochabamba (RJC); grupo parapolicial del gobierno transitorio

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POR YURU F. TÓRREZ►

La Resistencia Juvenil Cochala (RJC), también conocidos como los “motoqueros”, en su cuenta de twitter se definen como “plataforma ciudadana sin lideres formada para combatir la tiranía y luchar por la democracia en Bolivia” (https://twitter.com/rjcochala). Su irrupción en la escena pública se da a fines de octubre y principios de noviembre. O sea, en el contexto de las movilizaciones de sectores urbanos en las ciudades bolivianas que, en definitiva, forzaron a la renuncia presidencial de Evo Morales y, con ello, el quiebre constitucional. Según una nota periodística: “La RJC surgió a partir de la unión de siete jóvenes sin militancia política, pero con un claro rechazo a la figura del mandatario depuesto de Bolivia, Evo Morales. Durante los días de mayor conflictividad en las calles, en octubre de 2019, la Resistencia agrupó a 150 personas. Actualmente supera los 5 mil miembros. Cochala es la forma coloquial con que se nombra a los nacidos en Cochabamba” (Página 12 10.02.2020).

Aunque parece un hecho novedoso la presencia de jóvenes de sectores de clase media movilizados contra el gobierno de Evo Morales. No obstante, en el caso específico cochabambino, la presencia de jóvenes de clase media alta protestando contra el gobierno del MAS-IPSP y, sobre todo, para obstaculizar su propuesta del Estado Plurinacional, se remonta al año 2007. Incluso, esas protestas, sobre todo, de jóvenes han derivado en los hechos luctuosos del 11 de enero del 2007, cuando la ciudad de Cochabamba se convirtió en un escenario de confrontación socio/políticas con sus derivas raciales entre sectores de la clase media y campesinos. De allí, emergieron grupos como la Juventud de la Democracia o la Juventud K’ochala esgrimiendo el discurso de la “democracia y la lubertad” para oponerse tenazmente al denominado “proceso de cambio”.

A diferencia de esas otras agrupaciones juveniles, la RJC se diferenciaba por el uso de motorizados que les otorgaba a sus desplazamientos un performance más violento a sus acciones que servía para un desplazamiento más rápido y, además, violento. El primer hecho violento que estuvo involucrado la RJC fue el 6 de noviembre del 2019 cuando una numerosa caravana organizada por la RJC se trasladó en numerosas motocicletas para desbloquear en inmediaciones del río Huayculli, cercanías de Vinto, donde había una barricada formada por grupos afines al MAS-IPSP. En Vinto quemaron las instalaciones de la Alcaldía y ultrajaron a la alcaldesa. Allí se produjeron enfrentamientos de los cuales resultó fallecido un miembro de la RJC.

En los días de noviembre de las movilizaciones, vecinos de la zona sur de Cochabamba, lugar ocupado mayormente por gente migrante y pobre, y Sacaba, municipio provincial; ambos bastiones electorales del partido de Evo Morales, denunciaron constantes actos de amedrentamiento y violencia perpetrado por los miembros de la RJC, incluso contando con la pasividad de la policía[1] (Prensa Latina 19.12.2019). En el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se lee: “Según la información recibida, dichos grupos habrían actuado en ocasiones en asociación con, o bajo la tolerancia de, agentes del Estado, incluidos miembros de la fuerza pública. Tal es el caso, en particular, de la autodenominada `Resistencia Cochala`, grupo armado y motorizado al que se ha señalado consistentemente de participar en los desórdenes sociales ejerciendo control violento e intimidación sobre amplios sectores de la sociedad, y afectando en particular la integridad personal y la circulación de las personas” (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2019). Según una nota periodística sobre la RJC dice: “Jóvenes en motos, encapuchados, con bates y palos. La agrupación Resistencia Juvenil Cochala nació luego de las elecciones del 20 de octubre y jugó un papel fundamental en los bloqueos y protestas que duraron casi un mes en Cochabamba mientras la Policía se encontraba amotinada” (Opinión 08.12.2019).

Posterior a la renuncia de Morales y el nombramiento de Jeanine Añez como mandataria de Bolivia, la articulación de esta agrupación juvenil fue evidente. Así, por ejemplo, el mismo día de su posesión la nueva presidenta agradecía a la RJC: “Gracias Juventud de la resistencia cochala!!! ¡Que Dios los bendiga y nos permitan ser libres y llegar pronto a elecciones transparentes!!! (Añez, 2019). Mientras tanto, los miembros de esta agrupación festejaban en Cochabamba. Esa articulación estaba mediatizada, sobre todo, por la estrecha relación que tenía la presidenta transitoria Añez con el entonces presidente de la entidad cívica cruceña, Luis Fernando Camacho[2]. A los tres días de la represión contra campesinos en Sacaba perpetrado por el nuevo gobierno, en su cuenta de tweet de la RJC se lee: “Se siente la democracia después de 5 años y medio. Cuidémosla!!” (Resistencia Juvenil Cochala, 2019). Al respecto, una nota periodística de un medio argentino dice: “Reniegan de la política, pero tienen vínculos innegables con líderes cívicos como Luis Fernando Camacho, y cuentan incluso con el visto bueno del gobierno de facto encabezado por Jeanine Añez” (Página 12. 10.02.2020).

Un mes después de la posesión de Añez, el 15 de diciembre del año 2019, la RJC recibió 15 motorizados nuevos, según los miembros de esta agrupación, “fueron adquiridos con donaciones realizadas por la población de la ciudad de Cochabamba, en especial vecinos que en latitas recaudaron monedas y billetes de diversos cortes” (Opinión 16.12.2019). Posteriormente, la RJC estableció contactos con otras agrupaciones similares en el resto del país con el propósito de extender su radio de acción a nivel nacional[3]. De allí, la RJC “conformó comisiones en los nueve departamentos del país para estructurar un movimiento de defensa del proceso transitorio” (El Periódico 10.01.2020).

Ahora bien, el proceder de la RJC estuvo signada por actos de atropellos, violencia física, inclusive con intentos de asesinato y también con actos de violencia simbólica cargada de racismo como la expulsión a la fuerza de mujeres campesinas de la plaza de Cala Cala. Esta plaza, durante y después de las movilizaciones de octubre y noviembre, fue “apropiada” por miembros de la RJC. Estas actitudes violentas generaron mucha indignación, inclusive en sectores que al inicio de su aparición los apoyaban, pero luego empezaron a “marcar sus distancias” con esta agrupación[4].

En el ámbito político, la ruptura de la presidenta Añez, luego candidata presidencial por la agrupación política Juntemos y del ex presidente cívico cruceño, Luis Fernando Camacho, también postulante a la presidencia por el frente Creemos, supuso al interior de la RJC una apuesta en ambos frentes: en las listas a parlamentarios de ambas estructuras políticas existían miembros de la RJC. Posteriormente, a la luz de los pronósticos electorales que perfilaban a Camacho con una baja expectativa, la líder del grupo RJC, Milena Soto, anunciaba que “dejaba su candidatura de diputada suplente por la alianza Creemos y que ahora su apoyo será dirigido a Juntos, organización política de la Presidenta Jeanine Áñez. No podemos permitir que el MAS vuelva, es un deseo de todos los bolivianos, mi candidatura no será parte de la división del voto” (Opinión 18.02.2019). Posteriormente, en las redes sociales apareció un video filmado en horas nocturnas donde se ve a una cantidad de personas encapuchadas que se atribuían ser de la RJC gritaban al unísono: “Únanse” en alusión a los candidatos presidenciales, opositores al MAS-IPSP, en la necesidad de conformar un solo frente. Posteriormente, con el propósito de “lavarse la cara” hicieron algunos actos “solidarios” con la ayuda a los damnificados por la mazamorra en Tiquipaya el mes de febrero del 2020.

Desde luego, la irrupción de la RJC en el escenario socio/político boliviano se da en un contexto conflicto por la movilización contra el entonces presidente, Evo Morales, que precipitó su acortamiento de su mandato presidencial. Con la consigna de “Evo nunca más”, el accionar violento de esta agrupación juvenil, al unísono de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), se convirtió en un grupo de choque motorizado, a los acontecimientos posteriores, develó su carácter instrumental al servicio de una oposición política que buscaba el alejamiento de Evo Morales del gobierno. De allí, su aparente despliegue en momentos no conflictivos –o excepcionales– como lo ocurrido por la presencia del coronavirus en Bolivia. Dicho de otra forma, su rasgo violento de la RJC solo tiene sentido en el terreno de la política, siempre y cuando, esté signado por la conflictividad social.  Entonces, si el “periodo transitorio” deviene en un momento conflictivo seguramente nuevamente va a emerger violentamente la RJC, al igual que la UJC, en el campo político[5].

(*) Sociólogo y periodista.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[1] Según una nota periodística “en su momento, el comandante departamental de la Policía, Jaime Zurita, preponderó el trabajo de los jóvenes e incluso manifestó que se coordinarían trabajos con ellos” (Opinión 08.12.2019).

[2] El 29 de noviembre del 2019, los miembros de RJC brindaron protección al exlíder cívico Luis Fernando Camacho en el cabildo de la plaza de las Banderas de la Llajta. Hombres

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