REGIMEN DE JEANINE AÑEZ

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Muestra signos de colapso

En medio de la pandemia mundial más peligrosa del siglo, el régimen de Jeanine Añez, que subió al poder por medio de un golpe de Estado, muestra síntomas de una profunda descomposición, ilegitimidad de por medio y abuso intimidante de poder que cumple la función de precipitar su caída a pesar de contar con recursos económicos suficientes dejados por el anterior gobierno, donaciones de la cooperación internacional y criolla y un aparato descomunal de agentes de la CIA distribuidos en todo el país.

Los síntomas de la DESCOMPOSICION

La inocultable pelea interna en el bloque partidario de la candidata/presidenta en Santa Cruz frente al fracaso del control de la epidemia del coronavirus se agrava a pasos agigantados con el riesgo de desplomar la estantería política de la gobernación y alcaldía de Santa Cruz, al mismo tiempo. La demostrada ineptitud del gobierno nacional para controlar la pandemia sumada a la incapacidad logística hospitalaria de la ciudad de Santa Cruz y de otras capitales de departamento constituye una bomba de tiempo que amenaza estallar en el estado de ánimo de la gente. Millones de personas viven en condiciones de hambre, asediadas por el miedo a contagiarse y morir sin asistencia médica. Mientras los ricos buscan refugio, los pobres no tienen reparos para empezar a salir a las calles en busca de comida.

Las FFAA como la Policía son absolutamente insuficientes para el control urbano de Santa Cruz a lo que se suma un profundo malestar de la población contra ambas instituciones por su responsabilidad en el golpe y la crisis económica actual. Cada día la gente le pierde el miedo a las armas callejeras y no serán los soldados los que se presten a este juego macabro de la militarización urbana y la represión desmedida. Hasta los soldados tienen instinto de sobrevivencia en los momentos más críticos.

El poder de las logias, de la gobernación y alcaldía cruceña empieza a palidecer ante el miedo atroz que se empieza a sentir en las calles y en los barrios más pobres que saben dónde encontrar comida. En las ciudadelas periurbanas se respira un aire de frustración e impotencia que solo es comparable a la antesala de la muerte. La ira popular comienza a crecer como espuma y no serán suficientes ni los bonos ni las migajas que salen del Banco Central. Las miles de canastas que se pretenden entregar a los pobres solo alimentará un día, pero no servirá para saciar la sed de justicia de varios años de desprecio, racismo e indolencia ejercida contra los pobres. El malestar que crece no proviene solo de la pandemia, es un acumulado de broncas contenidas desde el año pasado cuando se consumó el golpe y cuando miles de cruceños pararon la ciudad y la doble moral se hizo presente en las esquinas. Hoy no aparece por ningún lado esa solidaridad. Lo que cruza la calle es el miedo a la emboscada, al golpe y a la revancha en medio de la invisibilidad de la iglesia que promovía la violencia simbólica y callejera. De hecho, el Comité Cívico, desaparecido como Camacho, ya no cuenta ni con el apoyo de la policía y menos de las FFAA que cada día tienen más soldados y policías contagiados por el virus de la pandemia.

El hambre, el malestar y el miedo juegan contra reloj contra el régimen que en plena crisis se solaza con cambios en el ministerio de salud que ha demostrado una absoluta incapacidad para hacer frente a la pandemia. Al parecer, a Jeanine Añez le importa un bledo lo que sucede en el campo de la salud y solo le importa la campaña electoral al extremo de haber resignado el gobierno a los agentes de la CIA, encabezados por su asesor presidencial, Erick Foronda, un ex funcionario de la embajada de EEUU y actual agente tutelar del gobierno en bancarrota.

La indiferencia del empresariado privado es elocuente. Apenas logró recaudar 3 millones de dólares para apoyar al gobierno de la candidata, lo que demuestra patéticamente su indolencia frente a la crisis.

Las fichas del gabinete se mueven al compás del miedo y la desazón. Sin capacidad de coordinación alguna y en procura de privilegiar la política del garrote en lugar de la defensa de la vida de la población, varios ministros ya tienen su carta de renuncia irrevocable ante la hecatombe que se avecina y que amenaza llevarlos al precipicio.

Solo queda el eslabón mediático como dique de contención al que se le pone toda la carne en el asador.

La danza de millones de bolivianos pagados a las redes de televisión nacional y a los medios de prensa escritos al parecer no son suficientes para manipular una opinión pública que tiene acceso instantáneo a la información desbordada de las redes. Un verdadero festín financiero estéril que solo sirve para distraer los escasos recursos económicos del gobierno.

El ministerio de economía y finanzas públicas se encuentra al borde de la enajenación, entretanto nada cuadra en sus pavorosos cálculos pesimistas en el marco del desastre de la economía, los ingresos y la producción. Su titular está cada vez más acosado contra la pared por la exigencia de dinero para las canastas familiares, equipamiento de bioseguridad y recursos para la subsistencia de los gobiernos departamentales, amén de las presiones del sector privado al que le debe sumas cuantiosas por las obras públicas. No hay ninguna señal de mejora económica que no sean los compromisos de cooperación financiera de los EEUU a cambio de entregar las empresas estatales y los recursos naturales a futuro, incluido el litio.

Nada hay más de parecido a la situación que se vive hoy como el fin de una guerra cuyo corolario es a su vez un fin de época.

Empero, este fin de época se lleva consigo un régimen. Para decirlo más claro, el fin del régimen actual de Jeanine Añez, como máscara de proa de un gobierno extranjero, está en sus últimas semanas. En este caso, el régimen boliviano es el último clavo de un ataúd decrépito que refleja la ambición frustrada de un capitalismo cleptómano y pandillero cuya voracidad despiadada ha impulsado su extravió al punto de hacer desaparecer incluso su instinto de supervivencia.

#GolpeDeEstadoBolivia🆘

#GolpistasIneptos

#ElRégimenSeCae!

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