PARA LOS PITITAS QUE CANTAN «RESISTIRÉ»

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Será bueno recordarles, que el autor de la canción la compuso en homenaje a su padre, miembro del Partido Comunista de España, quién fue sentenciado a pena de muerte, y toda su vida estuvo detenido, torturado y encarcelado, por su lucha incansable contra la dictadura franquista. Aquí un poco de la historia de Carlos Toro.

𝐂𝐀𝐑𝐋𝐎𝐒 𝐓𝐎𝐑𝐎

Carlos Toro Montoro a lo mejor no era tan conocido hasta estos días. Compositor de numerosas canciones y periodista, sus letras se conocen no tanto por él, sino por los intérpretes que las cantan, como es el caso del Dúo Dinámico.

Sin embargo, detrás de la historia de Carlos Toro nos encontramos un periplo de lucha, de resistencia, que hace de esta canción algo especial. Sobre todo por quien fue el padre de Carlos Toro Montoro: Carlos Toro Gallego.

Hace muchos años, en el curso de una investigación histórica sobre represión franquista, di con el nombre de Carlos Toro Gallego. La explosión fortuita de un polvorín militar en Alcalá de Henares en septiembre de 1947 sirvió de pretexto a las autoridades franquistas para acometer detenciones contra las estructuras comunistas clandestinas del Partido Comunista de España (PCE) y de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Casi todos los comités de Alcalá de Henares y Madrid cayeron en aquellas fechas por un acto que era imposible que hubiese cometido la organización clandestina de los comunistas.

En octubre de 1947 fue detenido en Madrid Carlos Toro Gallego. Natural de Jaraicejo, un pequeño pueblo en la provincia de Cáceres, Toro Gallego había nacido en 1907. Antes del golpe de Estado de julio de 1936, era un activo afiliado a la UGT y a las JSU, pasando posteriormente al PCE, según su ficha policial.

Cuando se produjo el golpe de Estado contra la República, Carlos Toro fue voluntario en el Ejército republicano, alcanzado importancia una vez que se constituyó el Ejército Popular y llegando a ser Comisario Político de la 50 División, que intervino primero dentro del XX Cuerpo de Ejército que actuó en Levante y posteriormente pasó al XXI.

Al finalizar la Guerra Civil, Carlos Toro Gallego fue detenido y condenado por un Tribunal Militar a la pena de muerte por delito de rebelión, aunque su pena fue conmutada por 30 años de cárcel y posteriormente por una inferior de 20 años y un mes. En el año 1944 consiguió la libertad condicional y en marzo de 1947 se hizo con la libertad definitiva al beneficiarse de un indulto.

Sin embargo, en una España donde no había rincón que no fuese una cárcel, Carlos Toro Gallego no tardó a en volver a las ergástulas del franquismo. Nunca dejó de tener contacto con el clandestino Partido Comunista, y mantuvo relaciones con antiguos camaradas suyos y con las actividades de la guerrilla.

En octubre de 1947 volvió a ser detenido cuando formaba parte de una estructura clandestina del PCE, siendo interrogado y torturado en la prisión de Alcalá de Henares, donde se los vinculó a las estructuras que el PCE y las JSU tenían en la ciudad de Cervantes y a las que se acusaba de haber llevado a cabo un atentado contra el polvorín militar que explotó en septiembre de 1947.

La detención de Carlos Toro Gallego no fue casual. Su compromiso con el PCE era evidente, a lo que se unía que en ese momento la estructura interior del Partido Comunista en Madrid tiene un infiltrado que hizo estragos en la organización: José Tomás Planas, alias “El Peque”, un hombre infiltrado por el comisario Roberto Conesa en las estructuras clandestinas del PCE. Carlos Toro Gallego tuvo la mala suerte de conocer a José Planas y fue incluido en la causa que instruyó la explosión del polvorín de Alcalá.

La macrocausa del franquismo contra las estructuras del PCE y de las JSU fue dividida por el juez especial Enrique Eymar. En la causa 142.010 fueron incluidos los más activos militantes y considerados más peligrosos. Su sentencia, efectuada el 9 de julio de 1948, conllevó ocho penas de muerte que fueron ejecutadas en Ocaña en agosto de ese mismo año.

Carlos Toro Gallego fue encuadrado en la causa 239/48, junto a Fernando Nacarino Moreno, Ricardo Lidó Expósito o Alejandro Heredero del Castillo, a los que se les pidió la pena de muerte. El tribunal dictó contra ellos 30 años de prisión. La siguiente condena más fuerte fue la de Carlos Toro Gallego, condenado a catorce años de reclusión.

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