Golpe de Hugo Banzér 21 de agosto de 1971: Entre el dolor y la incertidumbre

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LUIS GUARANI►

Era la madrugada del sábado 21 de agosto de 1971 cuando el expresidente Juan José Torres y el Regimiento de Infantería Colorados de Bolivia llamaban a resistir la fuerza golpista.

Muchos revolucionarios salieron con ese objetivo, entre ellos el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz junto a otros hombres y universitarios dispuestos a morir; sin embargo, la falta de armas y desorganización truncó ese objetivo.Detenciones, atentados, cortes de energía eléctrica, explosiones se desataron días antes y el mismo 21 de agosto, acciones de amedrentamiento contra el gobierno de Torres y las fuerzas populares de izquierda.A las 20.45 los carros de asalto del Regimiento Tarapacá ingresaron por la calle Comercio.

Enterado de esto el presidente Torres abandonó el Palacio de Gobierno, acompañado de sus edecanes en un automóvil que salió velozmente con rumbo desconocido.Transcurrieron 49 años del cruento golpe de Estado perpetrado por el entonces coronel Hugo Banzer Suárez y las heridas aún no han cicatrizado; las víctimas aún viven con el dolor de haber sido torturadas, las mujeres violadas, exiliadas y la incertidumbre por la desaparición de cientos de personas que hasta hoy se desconoce cuál fue su destino.

El golpe de 1971 fue también apoyado por la colonia alemana en Bolivia, ahora vemos a la colonia croata en acción dentro el gobierno golpista. Marcelo Quiroga Santa Cruz, elegido Diputado Socialista en 1979 y fiel a su promesa electoral apenas iniciada la gestión parlamentaria demandó un Juicio de Responsabilidades contra el ex-dictador Banzer Suarez y sus más cercanos colaboradores, desnudando ante la conciencia nacional los graves daños sociales y económicos causados por la dictadura. Ahora también, este gobierno golpista tiene los suficientes fundamentos para ser demandado en un Juicio de Responsabilidades que lleve a la cárcel a la presidenta autonombrada y sus ministros por las violaciones a los derechos humanos, los graves daños a la salud, la economía y la educación, a los ejecutivos de empresas estatales por los daños económicos causados, a los jefes militares y policiales comprometidos con el golpe y las muertes de compatriotas en Sacaba y Senkata.

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