El miedo a NO ser blanco

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►Denis Michel (politólogo)►

«Todos somos iguales, aunque provengamos de diferentes culturas y estamos plenamente orgullosos de esto.»

Nuevamente, el tema racial sale a relucir en la sociedad boliviana, lo preocupante es que ahora son las propias autoridades del actual gobierno de facto, quienes protagonizan estos discursos en pleno siglo XXI.
Pese a que el concepto de racismo, recien toma oficialidad en la academia a partir del Siglo XIX, en el mundo su práctica es desarrollada básicamente desde la creación de las civilizaciones humanas. Un hecho particular que exacerba estos sentimientos deviene del enfrentamiento o la guerra entre regiones o civilizaciones del mundo, en la cual una de las razas, etnia o cultura impone supremacía por sobre otras, intentando suprimirla, someterla o dominarla.

El fenómeno de la colonización en América Latina y en Bolivia a fines del siglo XIV, no solo implantó un conjunto de ideas y costumbres en torno a una cultura dominante extranjera, la europea; sino que también impulsó una colonización interna que estuvo presente al momento de la independencia de las repúblicas y sus revoluciones. Los diferentes modelos de constituciones de las nuevas naciones independientes, demuestran que aún las sociedades criollas y mestizas no aceptaban a los sectores indígenas como ciudadanos con igualdad de derechos en los nuevos países.
A pesar de las múltiples negaciones y los discursos de superación de la era colonial en Bolivia; voces que indican que los 500 años de opresión ya deben ser «superados» por el sector indígena, o que «ahora ellos son los racistas», o que «estos se han alzado»; develan las subjetividades de la sociedad boliviana, producto de este colonialismo interno, principalmente de las clases medias y altas del país. La vieja costumbre (herencia colonial) de entender al ser indígena como un «no ser», un subhumano, ignorante, o que no tiene la capacidad de pensar por sí mismo, y que por tanto, «no somos iguales», a otorgado una carga simbólica racial a la palabra «indio» por siglos, en nuestra sociedad.

No envano, la mayoría de los hechos históricos en Bolivia, han estado transversalmente cruzados por sentimientos racistas. El hecho de que por más de una década, un Presidente indígena campesino haya sido el representante y el conductor del país, ha significado un fenómeno para nuestra sociedad, pese a su fuerte composición indígena campesina.

Si bien las ciudades, finalmente se opusieron al gobierno de Morales en noviembre de 2019, lo que resultó en su renuncia;  se evidenció claramente que en sus movilizaciones salían a la luz estos discursos racistas, pese a que el motor de las mismas era la «lucha por la democracia», conducidos principalmente por sectores juveniles y acomodados de las ciudades; sólo como muestra, en una zona residencial de la ciudad de La Paz, Sopocachi, en la Plaza Avaroa, podemos observar un grafiti con la frase «Evo porqué no te bañas».
Producto de este último acontecimiento, hoy por hoy, tenemos un gobierno transitorio que ha montado en estos 6 meses aquel discurso discriminador y racista en el Estado mismo. Esto se ha percibido ni bien han ocupado las viejas élites nuevamente los espacios públicos. Un hecho que impactó mucho en los bolivianos fue el desmonte de las wiphalas de Palacio de Gobierno y de algunas instituciones, declarando abiertamente la corriente del nuevo gobierno, que lejos de promover la pacificación del país, ingresó directamente con la confrontación.

Ayer, en un conocido medio radial de Potosí, el Ministro de Minería, Fernando Vásquez, mencionaba: “Ahora, con respecto a mi vinculación con el MAS, creo que no tengo ni los requisitos, porque para ser masista hay algunas especificaciones, inclusive de identidad; tengo ojos verdes, un poco crespo, eso no me permite, soy blanco, no quiero discriminar, pero creo que esas mis condiciones no hacen que yo sea compatible con el resto de las personas del Movimiento Al Socialismo”. Según este argumento, Vásquez no quiere ser identificado como «masista», por que no es indio, aunque la apariencia física de la autoridad, según muestran los medios, está lejos de entrar en los cánones caucásicos que menciona.

Dicha declaración demuestra dos aspectos: primero; la clásica costumbre de la clase media intelectual que enviste su cargo de poder con un manto racial que, según la tradición, es superior a cualquier boliviano promedio por el hecho de ser «más blanquito» y más aún por ocupar un importante cargo. Segundo; al parecer existe la idea en nuestra sociedad boliviana de una suerte de competencia por la «blanquitud». Mientras más blanco se es: más civilizado e inteligente, más humano; mientras más moreno, más salvaje e ignorante, menos humano; la ecuación da como resultado que «nadie quiere ser indio». Incluso, se denota desprecio a las raíces indígenas. 
Por otro lado, parece que aquel fenómeno de menosprecio social al «acusar» de «indio» al otro, ha mutado al término «masista», que además de connotaciones políticas, encubre sentimientos racistas. Es decir, pareciera que ser masista es ser indio y viceversa, la carga simbólica del término «indio» ha recaído sobre el término «masista».

Actualmente, Bolivia tiene en su legislación sanciones contra el racismo y toda forma de discriminación, que no solo castiga a cualquier persona que cometa este delito, sino que protege la identidad cultural de cualquier ciudadano y promueve el respeto entre todos. Pareciera que la sociedad boliviana junto a sus élites y las nuevas generaciones, habrían gambeteado la ley y se dieron modos para continuar el legado de la discriminación, migrando del concepto de «indio» al de «masista».

Sólo nos queda repudiar nuevamente estas acciones, más aún si vienen desde autoridades que tienen cuestionada su legitimidad ante la sociedad. Ningún ser humano debe establecer superioridad frente a otro, peor aún por cuestión de raza. Hemos decidido convivir en una sociedad plural donde todos somos iguales, aunque provengamos de diferentes culturas y estamos plenamente orgullosos de esto.

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