¿El fin de Jeanine Añez?

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Dos son las opciones internas que maneja el gobierno de Añez para afrontar lo que viene en Bolivia los siguientes meses, uno: bajarse de su candidatura para apoyar otra que esté más fuerte (Camacho o Mesa) pero obviamente seguir gobernando porque eso le fascina y dos: continuar con esto hasta donde pueda estirarando la cuarentena para salir airoso de ella y de esta manera tratar de ir a una segunda vuelta con quien hasta el momento está a pocos puntos de ganar en primera vuelta, el candidato masista Luis Arce Catacora.

Sin embargo, ambas opciones tienen sus propias variables, veamos la primera.

En gabinete político hace pocos días, se debatió la posibilidad de que Añez se baje de la candidatura para dedicarse a solo manejar la crisis, y de esta manera evitar electoralizar la pandemia, que es justo lo que vienen haciendo desde hace varios meses, sin embargo, esta salida tiene entre sus contras rehusar el poder para los siguientes 5 años y entregar la posibilidad a cualquiera de sus oponentes que sin ser antagónicos (Mesa o Camacho), no les aseguran un cargo de decisión casi plenipotenciario como el que tiene Añez y su gente en estos momentos (pensando un escenario favorable para los sectores de derecha en Bolivia, aunque todo hace parecer que Arce sería presidente en una primera vuelta sin dificultades). Según fuentes del mismo gobierno de facto, esperarán hasta la primera encuesta oficial (post pandemia) para ver si deciden bajarse o no, de todas maneras, el acercamiento con Luis Fernando Camacho sería un hecho debido a su relación y cercanía regional entre ambas candidaturas (ambas representan a cierto sector del oriente boliviano).

La otra salida, la de continuar y seguir alargando la cuarentena y la supuesta gestión de crisis de la pandemia es cada vez más reticente en la gente, no solo por la caída en sus encuestas internas, sino que la parte más dura aún no ha llegado. Según mismos datos de expertos en epidemiología, hasta el 24 de mayo Bolivia llegaría a los 5 mil casos, que es justo la capacidad máxima que tiene el sistema de salud boliviano, y llegando a los 11 mil solamente 10 días después, es decir duplicando la capacidad del sistema de salud boliviano de sobreponerse a esta crisis. En este sentido, el mes de junio sería un caos sanitario, económico, social y por supuesto político incrementado por la negativa de Añez de ir a elecciones y fundamentalmente en dos de sus departamentos más fuertes como Beni y Santa Cruz.

Habiéndose agotado la posibilidad de que la cuarentena haya tenido efectos positivos en la sociedad (achatando la curva como dicen), Bolivia se encuentra en el peor escenario posible (la línea roja), el fin es solo la catástrofe.

Volviendo sobre nuestros pasos, se podría sintetizar que la única salida para que Añez pueda salir airosa de esta crisis (además de los conflictos internos con policías y militares), es renunciando a su candidatura y evitando también dispersar el voto, pero solo después de dejar una alfombra de muertes y de haber dejado un país mucho peor de lo que Evo Morales recibió el año 2005 del gobierno de Carlos Mesa y Gonzalo Sánchez de Lozada.

En este sentido, la salida propuesta por otros personeros del gobierno central es no solo bajarse de la carrera electoral y buscar la forma de escapar del país como ya se viene especulando, sino más bien, atrincherarse en Santa Cruz donde tienen a su gobernación más importante de la mano de Rubén Costas y postular a ese cargo a Oscar Ortiz para las próximas subnacionales del 2021.

En pocas palabras, el panorama cada vez sonríe menos al gobierno de Añez que al contrario de lo que sucede en otros países donde los mandos autoritarios cobraron legitimidad debido a la pandemia, en el país pasa lo contrario, la gente aprueba la gestión contra el virus (debido al cerco mediático y a que estas medidas son mundialmente aplaudidas), pero no votarían por Añez en las siguientes elecciones, debido también a un cúmulo considerable de actos de corrupción en tan solo pocos meses.

Con todo el poder del Estado a su favor, gobierno central, gobernaciones más grandes, alcaldías con más recursos y apoyo internacional de dos potencias como Estados Unidos y Brasil, sorprende lo que está ocurriendo, pero está ocurriendo. Quien subió pensando que la pandemia sería su gran caballo de batalla para las elecciones, terminó cayéndose del caballo.

Las otras dos candidaturas de derecha en Bolivia se frotan las manos viendo como su aliada se ahoga en su total desconocimiento de gestión, pero al mismo tiempo tratan de que esa caída no los manche, y mientras eso pasa un tercer en pugna sale a la luz, Jorge Quiroga Ramírez.

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